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30 jun 2010

PERROS CALLEJEROS: CONCIENCIA DEL SER HUMANO

Quiero una mascota, un gato, un perro sería bueno, pero la verdad es que no tengo el espacio, ni el tiempo para tener uno. No importa!!! Necesito una mascota, alguien que me acompañe, que me esté esperando cuando llegue a casa, que salga a pasear conmigo, que sea incondicional. Siempre me imaginé teniendo un labrador. Fuerte, grande, pero tranquilo. ¡Quiero un labrador!

Sabiendo que las cosas no son tan fáciles, no es cuestión de querer un perro de raza, ir a comprárselo y listo, todos felices. Al comprar un perro uno asume una GRAN RESPONSABILIDAD, no sólo con el perro comprado, sino que también con los aproximadamente 220 mil perros vagos que, según datos del Colegio Médico Veterinario de Chile y la Universidad Iberoamericana de Ciencia y Tecnología, deambulan por las calles de la Región Metropolitana. Alomejor te preguntarás; ¿Qué tengo que ver yo con esos perros?. Es simple, al comprarme un perro de raza dejo en la calle a uno mestizo (un quiltro). Supongamos que este perro en realidad es perra y ella, como vive en la calle, no está esterilizada. En su primer año fértil esta perrita tendrá alrededor de 16 cachorros, de los cuales ocho serán hembras, ya que los perros se reproducen geométricamente. El año siguiente cada una de esas 8 hijas tendrán otros 16 cachorros... en sólo 6 años los descendientes de esta perrita serán 67 mil. Todos ellos pasando hambre, luchando por sobrevivir en las calles y contagiándose de enfermedades que pueden transmitirle a los humanos.

Por lo general, la gente no ve a los perros abandonados como un “problema” que necesita una solución pública sistemática y que tiene como causa a los mismos humanos. No existe una conciencia de que uno debe esterilizar a sus perros, vacunarlos y desparasitarlos, darles el espacio suficiente, adoptar perritos de refugios y, por ninguna razón, abandonarlos cada vez que nos convenga.

El cambiar la actitud de las personas sólo se puede lograr a través de la educación en tenencia responsable de mascotas. Esto implica enseñarle a la gente no sólo cómo deben cuidar a sus propios animales, sino cómo relacionarse con todos los animales de su entorno. Además, la educación debe, necesariamente, ir acompañada de campañas masivas y gratuitas de esterilización, de lo contrario nunca se solucionará el problema de los perros vagabundos y, por el contrario, su número irá creciendo año tras año.

Desgraciadamente, no hay verdaderas campañas de este tipo. Quienes se hacen cargo del problema son pequeñas organizaciones animalistas que cuentan con muy pocos voluntarios y aún menos recursos, pues ¿quién les dará dinero si nadie está consciente del problema?. Además, muchas veces se inscriben voluntarios pero, como éste es un asunto que necesita una dedicación casi absoluta, se van quedando en el camino. Varias de estas organizaciones tienen refugios para perros callejeros a los cuales luego les encuentran hogares. Sin embargo, es muy difícil tenerlos a todos en refugios, llegar a salvarle la vida a todos. Significa mucha honestidad desde el punto de vista de cuánto podemos hacer. Por eso, a largo plazo la única solución es la esterilización masiva y la educación.

No hay forma de encontrar hogar para los 220 mil perros callejeros con tan pocos recursos, pero tampoco les alcanza para campañas masivas de educación y esterilización. ¿Dónde están las autoridades?

La verdad es que hay muy pocas que se han hecho cargo del problema, y de esas, la mayoría utiliza una solución cortoplacista: aquella cruel e injusta matanza de perros tan eufemísticamente llamada “eutanasia”. A pesar de que por ley sólo el SESMA puede retirar a los perros de la calle y/o eliminarlos, muchas municipalidades matan perros sistemáticamente, incluso llamando a licitación para contratar empresas que los recojan. El ir a recogerlos, por supuesto, implica matarlos, pues es muy difícil que una municipalidad mantenga y encuentre hogar a los perros.

En enero de este año la agrupación “Pro-animal” denunció la matanza de los perros vagos en San Bernardo. En ese entonces la alcaldesa se defendió diciendo que era algo necesario por las jaurías y que trataban de usar la eutanasia de modo que el animal no sufra. Es injusto matar animales sólo por que sobran y, encima, sin su consentimiento. No olvidemos que también hay una sobrepoblación de humanos en el planeta. Estoy segura de que si alguien propusiera un holocausto como método de control de la población humana, no contaría con mucha aprobación. Por otro lado, los métodos más usados de eutanasia suelen ser los más crueles porque se busca algo barato y no algo ético.

Pero, lo más importante, la eutanasia no soluciona el problema. En un mediano plazo, habrá aún más perros, ¿Por qué? Porque a medida que se matan perros, se deja más espacio para que los que queden, vivan, se alimenten... y se reproduzcan.

Entonces, volvemos a lo mismo: educación y esterilización. Pero las autoridades no tienen el compromiso suficiente como para hacer algo que funcione en el largo plazo, ya que hay que estar rogándole a los municipios para que presten las sedes sociales sin cobrar y que dejen estar hasta más tarde. Por lo general, no dan las facilidades. Si ni siquiera ayudan a aquellas organizaciones que le ofrecen a la población la oportunidad de esterilizar a sus mascotas gratis o a menor precio, ¿cómo podemos esperar que las instituciones públicas hagan sus propias campañas?

Para lograr que las autoridades le presten atención al tema y lo integren a la agenda pública, se necesita difusión. Sin embargo, es difícil que se logre sin el apoyo de los medios, que muchas veces están más interesados en el morbo que en anunciar una campaña de esterilización. “El contar que hay alguien haciendo algo por los animales no es noticia. Es noticia que un tipo le pegó un combo en la cabeza a un animal o que le cortó una pata”. Parece ser que el único medio de comunicación que realmente sirve para crear conciencia es Internet, pues da la oportunidad a las pequeñas organizaciones de hacer público el asunto. Aún así, no es suficiente, pues las páginas web de estas agrupaciones no logran hacer la presión necesaria para que el gobierno haga algo.

Aunque el panorama parece muy desesperanzador, creo que si esperamos que el gobierno o el municipio haga algo, es muy difícil... es mucho más factible que nazca de una articulación de actores y situaciones que vayan estimulando ese compromiso en la institucionalidad pública, creando redes y vínculos. Es un proceso lento, pero creo que allí está la solución.

Entonces, poco a poco se debe educar, educar y educar. Se debe hacer que la gente aprenda, aunque sea persona por persona. Así, quizá, milímetro por milímetro, lograremos que los perritos de la calle ya no sufran más. Y comprendamos de una vez que, por más que quiera, no podemos comprarnos un perro si es que en un futuro no lo voy a poder cuidar.


DIARIO DE UN PERRO


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